Perfil / El clan Bolsonaro: por qué Jair eligió a su hijo Flávio en lugar de a Carlos, Eduardo o su esposa Michelle
Con 45 años, el ganador de la primera vuelta en los comicios tiene una misión: lograr una amnistía para su padre, condenado a 27 años de prisión por intento de golpe de estado. El «clan Bolsonaro» lleva 31 elecciones ganadas desde 1988.
No le tenían fe. Cuando el expresidente de Brasil Jair Bolsonaro, desde la cárcel, ungió como candidato a presidente a su hijo mayor, Flávio, la respuesta de la ciudadanía fue escéptica: en enero, una encuesta mostró que el 44% consideraba a esta nominación un error. Y sin embargo, el «01» les tapó la boca: contra todo pronóstico, este domingo salió victorioso en la primera vuelta electoral contra el presidente Luiz Inácio «Lula» Da Silva, veterano de múltiples batallas.
El resultado de 47,03% frente al 45,16% de Lula no le alcanzó para consagrarse presidente, pero lo dejó muy cerca: todos los analistas coinciden en que es difícil que Lula pueda ganar el balotaje del 25 de octubre, ya que los votos que le faltan corresponden al electorado más conservador. Esto es leído como una victoria de Jair Bolsonaro por haberlo elegido en diciembre de 2025, por encima de otros familiares y de políticos como Tarcísio De Freitas, gobernador de Sao Paulo reelecto en primera vuelta. Si llega a la presidencia, su primera misión será lograr la amnistía para sacar a su padre de la cárcel.
Con 45 años, el primogénito es considerado «el sensato» de la familia, donde tienen un alto perfil político sus hermanos Carlos, de 43 años, conocido como «02» o «el pitbull», y Eduardo, de 42, el «03»; ambos situados en las alas más radicales e internacionales del movimiento. Hay más: con 28 años, el hermano más joven, Jair Renan, el «04», acaba de ser electo diputado federal por el estado de Santa Catarina.

A ellos se suma Michelle Bolsonaro, la tercera esposa de Jair, quien a los 44 años lidera el influyente frente evangélico y acaba de ser electa senadora por Brasilia; el hermano del expresidente, Renato, recién electo diputado federal por São Paulo; y la exesposa de Jair y madre de Flávio, Carlos y Eduardo, Rogéria Nantes Braga Bolsonaro, que fue concejala de Río de Janeiro por dos mandatos consecutivos, entre 1993 y 2000. En total, el «clan Bolsonaro» acumula 31 victorias electorales desde 1988, cuando Jair se eligió concejal de Río de Janeiro.
Jair Bolsonaro privilegió la sangre y eligió al más obediente y «moderado» de sus hijos
La designación del candidato presidencial de la oposición respondió a un criterio dinástico: el exmandatario priorizó la sucesión directa a través de sus descendientes de sangre, lo que lo llevó a descartar tanto al gobernador Tarcísio de Freitas como a su propia esposa, Michelle. El entorno de la derecha evaluó alternativas con mayor intención de voto en los sondeos previos. Sin embargo, el jefe del movimiento decidió mantener el control con mano de hierro a través de su primogénito.
Para Jair Bolsonaro, la obediencia resulta vital: necesita un candidato que pueda llegar al Palacio de Planalto y desde allí dictar una amnistía que lo saque de la cárcel, donde cumple 27 años de prisión efectiva por el cargo de intento de golpe de estado. Por eso, se decantó por su hijo mayor, senador por Río de Janeiro desde 2018 y antes diputado durante cuatro mandatos consecutivos, quien convirtió la amnistía en el eje de su campaña: declaró que, de resultar elegido, subirá la rampa del Planalto junto a su padre.

Flávio se presentó a lo largo de la campaña como la versión más moderada de Jair, aunque mantuvo posturas de línea dura en materia de seguridad. El senador lideró las encuestas frente a Lula durante semanas, pese a una serie de escándalos que incluyeron sus vínculos con un exbanquero procesado y su disputa familiar con Michelle.
Michelle Bolsonaro se enfrentó a los hijos de Jair y perdió la pelea por la sucesión
La figura de Michelle, la tercera esposa de Jair, asomaba como una opción competitiva por su llegada al electorado evangélico y femenino. Su perfil político se consolidó formalmente al asumir la presidencia de PL Mulher (el ala femenina del Partido Liberal), un cargo con el que recorrió el país. Con un discurso enfocado en los valores tradicionales, la familia y la fe cristiana, conectó con las bases más conservadoras.

A diferencia de la retórica confrontativa de su esposo, Michelle Bolsonaro construyó un liderazgo basado en la empatía y la moderación, lo que le permitió suavizar la imagen del bolsonarismo y atraer a votantes que se sentían distanciados por la agresividad del expresidente. Su carisma y su activa militancia en la comunidad evangélica la posicionaron rápidamente como una de las figuras con mayor capital político propio dentro de la derecha.
A pesar de estas fortalezas, la mala relación con sus hijastros, que tienen su misma edad, provocó fuertes cruces. Incluso se registraron discusiones públicas entre la ex primera dama y Flávio Bolsonaro por el armado de la campaña. Los hermanos se abroquelaron; desde Estados Unidos, donde se autoexilió, Eduardo señaló que Flávio estaba «más preparado» que Michelle para la disputa presidencial, y Carlos llegó a denunciar públicamente un plan para «anular» a Flávio como heredero político.
Carlos, Eduardo y Jair Renan Bolsonaro, con perfiles más extremos que Flávio
Mientras que Flávio Bolsonaro construyó una carrera bajo una narrativa más pragmática y dialoguista, sus hermanos encarnan las facciones más intransigentes y confrontativas del movimiento. Carlos Bolsonaro (43 años), el «02», es especialista estrategia digital, y maneja las redes sociales de su padre con una retórica inflamada; por eso, se lo conoce como «el pit bull». Su estilo no busca el consenso, sino la polarización constante, el ataque directo a las instituciones y la movilización de la base más radicalizada a través de un ecosistema digital paralelo que él mismo diseñó.

Carlos, licenciado en Ciencias Aeronáuticas, no es nuevo en las contiendas electorales: fue concejal de Río de Janeiro durante siete mandatos consecutivos desde el año 2000. A fines de 2025 renunció a su banca para postularse como senador por el estado de Santa Catarina, cargo para el que acaba de resultar electo.

Por su parte, Eduardo (42 años), el «03», también es de la línea dura, a tal punto que se dice que su discurso combativo le costó la destitución de su mandato como diputado federal por São Paulo a finales de 2025. La versión oficial es que este abogado y policía federal fue expulsado de la Cámara Baja por ausencias injustificadas; también enfrenta inhabilitación de cargos públicos por condenas del Supremo Tribunal Federal. Autoexiliado en los Estados Unidos desde ese momento, actúa como el nexo internacional con la extrema derecha global y el trumpismo.

Finalmente, el menor de los varones es Jair Renan (28 años), el «04». Es creador de contenidos digitales, y como tal representa la renovación de este ala extrema adaptada a las nuevas audiencias. Inició su carrera política en 2024 como concejal en Balneário Camboriú y acaba de asegurar una banca como diputado federal por Santa Catarina. Busca consolidar su capital político mimetizándose con la figura de su padre, al punto de haber borrado su nombre de pila en las urnas electrónicas para presentarse directamente como «Jair Bolsonaro».
Flávio Bolsonaro ganó a los votantes de centro y asumió la misión de lograr la amnistía
Así, el hermano mayor, con formas moderadas y una oratoria más articulada ante la opinión pública, ganó la carrera de la sucesión ante sus hermanos, más afilados -dicen las malas lenguas que más inteligentes- pero también más extremistas y confrontativos. Jair estaba en lo cierto: elegir a Flávio favoreció la búsqueda de votantes de centro.
Desde el inicio de la campaña, el candidato se comprometió a entrar a la casa de gobierno, el Planalto, acompañado por su padre. Tras conocerse el resultado de este domingo, Flávio afirmó que se produjo «el fin de la era del PT» y volvió a defender la eliminación de la reelección presidencial. Prometió, además, una amnistía amplia para los condenados en el proceso por la trama golpista. En un acto de campaña previo a la votación resumió su objetivo: «¿Cómo vamos a lograr unir a Brasil si no logramos unir a la derecha antes?»
