25 agosto 2026

Noticias / Milei, el Presidente más solo del mundo

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Este mes no pisó la Rosada y cada vez recibe menos gente. No ve ni a sus ministros. Todo está en manos de Karina. Dolores físicos y distancia de viejos amigos como Agustín Laje. El libro místico que está por publicar.

El sábado 7 de agosto, Javier Milei ingresó en la residencia presidencial luego de un viaje por Colombia. Mejor dicho, se encerró ahí. Es que recién diez días después volvió a encontrarse con el país que maneja. Entre un momento y otro no se supo prácticamente nada del mandatario: sus cuentas mostraban que estuvo activo al menos una hora cada día en sus redes y que el jueves 13 recibió a un economista para cenar. Pero nada más, mientras que las dudas sobre el estado del mandatario crecían a cada hora.

Su reaparición pública fue en un acto por el aniversario de San Martín, y estuvo lejos de despejar las dudas. Ahí se lo vio visiblemente hinchado, a la vez que mostraba algunas dificultades para caminar, como si sus dolores de espalda se hubieran agravado. Tan preocupante fue toda la secuencia que las preguntas recorrieron todo el círculo rojo, y el Gobierno tuvo que salir a instalar una versión llamativa: que se había recluido del resto de la humanidad para terminar un estrambótico libro, su primer trabajo teológico donde asegura que Dios inventó al capitalismo, algo de lo que se enteró casi por inspiración directa del Creador. Claro está que esa hipótesis estuvo lejos de calmar las aguas, y hoy todos se preguntan qué le está pasando a Milei. Es que, como en Hamlet, algo huele a podrido en la Quinta de Olivos.

Laberinto. Javier Milei está solo. A pesar de que ese es el rasgo más característico de su personalidad, el hecho que recorre toda su vida turbulenta de violencia intrafamiliar y bullying escolar, la última oración no remite a su pasado. Tampoco es una metáfora. El mandatario permanece recluido en Olivos y con poco contacto con la realidad.

La última vez que pisó la Casa Rosada, al momento en que se escribía esta nota, fue el 31 de julio. Es decir que, salvo los dos días en que estuvo en Colombia, absolutamente todo el resto de agosto lo pasó en la Quinta. Y la residencia presidencial tiene un detalle: quienes ingresan tienen que anotarse en un registro que luego se hace público.

El último disponible es del de junio. Y si se las mira con atención, las visitas que recibió Milei en los primeros seis meses del año revelan mucha información. La primero es que, de las cinco personas que más lo fueron a ver, tres son sus empleados: Macarena Rodríguez, su fotógrafa, fue 13 veces, Magalí Blanco, su secretaria, 12, y Andrés Leone, su preparador físico (y ahora diputado), 11. Esta información marida con un comentario que hasta los más cercanos al libertario expresan con preocupación: que el mandatario apenas tiene contacto con sus ministros. Esto es algo que venía desde el inicio de la gestión -y que dejó postales inéditas como que Milei conoció a Juan Bautista Mahiques el día en que le tomó la jura como ministro de Justicia, o que a Fernando Vilella, su primer secretario de Agricultura, recién lo vio en la Expoagro de marzo de 2024-, pero que ahora se agravó. Luis Caputo, por poner un ejemplo, fue a Olivos sólo cinco veces en los primeros seis meses, que serían cuatro si se le quita la cena multitudinaria con diputados y senadores que el mandatario ofreció luego de la última apertura de sesiones. Los números de su sobrino, Santiago Caputo, cada vez más distanciado del libertario, son los mismos. Todo esto, además, es sin tener en cuenta los números de julio y agosto, aún no publicados, en los que el encierro se agravó.

Entonces, si los ministros no van a Olivos y el Presidente no va a la Rosada, ¿cuándo se ven? O quizás la pregunta debería ser otra: si Milei no maneja su gobierno, ¿quién lo hace? ¿Quién gobierna? El que lo respondió con toda claridad fue “Toto”. “¿Hay que sellar acuerdos políticos con los gobernadores?”, le preguntó el periodista Guido Carelli Lynch el 18 de agosto. El ministro tartamudeó durante unos segundos y contestó: “Eso lo va a decidir Karina. Y lo que decida va a ser lo mejor para el país”. La frase, cruda, revela hasta dónde llegó el control de la otrora tarotista y repostera. Con el autoproclamado “Mago del Kremlin” vaciado de poder y el Presidente -en los papeles- recluido en Olivos, la secretaria general tomó el timón. Se puso al frente de la fallida ley de Tierras, empujó el acuerdo con el PRO, recibió a los popes de la Iglesia para aceitar los detalles de la visita de León XIV, inauguró el local partidario de LLA en Buenos Aires, y los ejemplos siguen. Si antes manejaba el Gobierno porque manejaba al hermano, ahora parece haber corrido al intermediario.

Lo curioso es que tampoco parece estar muy encima del estado del mayor de la familia. Según los registros, a Olivos fue sólo tres veces en seis meses, que serían dos si se corre la cena política de marzo. No sólo eso: tal cual revelan esos datos, toda la última semana del año pasado Milei las pasó solo. Literalmente: desde la Navidad hasta el último día del año, el libertario no recibió a nadie. Ni siquiera a su hermana. El hombre más solo del mundo parece estar más solo que nunca.

Salud. Victoria Villarruel y Marcela Pagano parecen haber destrabado algo en Milei. Es verdad que ya hace tiempo se venía hablando de la salud mental del libertario, en parte por las investigaciones que viene haciendo esta revista desde el 2021, cuando empezó a revelar el costado sobrenatural y místico del actual Presidente. Pero se ve que el hecho de que quienes alzaron la voz ahora hayan sido dos personas que tanto lo conocieron y que ocupan cargos públicos le pegó en la línea de flotación. Primero fue la vice, que se mostró “preocupada por su estado y por las persecuciones que imagina”, y luego le siguió la diputada, que le dijo que “la pastillita ya no le hace efecto”. La cronología habla por sí sola: el primer tuit fue el 30 de julio y el segundo el 10 de agosto, momento en que ya Milei estaba encerrado en Olivos.

Pueden haber sido esas publicaciones o pueden haber sido las últimas frustraciones que acumuló el Gobierno, pero lo cierto es que algo tembló en el oficialismo. Y ese terremoto llegó a la prensa: en las redacciones y canales amistosos con el Gobierno, de esos a los que todavía les fluye la pauta estatal, se sumó una nueva restricción a la ya conocida prohibición de decir una sola palabra de los perros presidenciales (sea de los reales o los que el mandatario imagina). Al día siguiente del mensaje de Pagano sobre “la pastilla”, a varios medios llegó la misma advertencia: no se podía hablar de la “locura” del Presidente ni nada relacionado a su salud mental.

Sin embargo, más allá de los deseos del oficialismo, el estado de quien preside el país es un tema de interés público y, por lo tanto, periodístico. Y las noticias en este sentido están lejos de ser alentadoras. Los que mantienen algún contacto con Milei coinciden en la misma versión: el libertario está atravesando un pésimo momento personal.