Perfil /El crimen de Morena le da un cachetazo de realidad a la campaña

El crimen irrumpe y altera una campaña en la que las peleas partidarias suelen ser el epicentro, en vez de enfocarse en debatir cómo encarar seriamente problemas sociales acuciantes. La seguridad es uno de ellos.

Morena Domínguez tenía 11 años cuando dos motochorros la golpearon y mataron para robarle, hace unas horas, al dirigirse a su escuela en Lanús. Justo al filo de los cierres del proselitismo electoral con vistas a las PASO del domingo, el crimen irrumpe y altera una campaña en la que las peleas partidarias suelen ser el epicentro, en vez de enfocarse en debatir cómo encarar seriamente problemas sociales acuciantes. La seguridad es uno de ellos.

Hay que reconocer la velocidad de reflejos. En lo policial, la rapidez con que se identificó y detuvo a los sospechosos. En lo político, la inmediatez con la que gran parte de quienes se candidatean cancelaron sus actos y recorridas.

Sin embargo esa reacción no resuelve el problema de fondo. Es más, seremos testigos una vez más de los mismos pases de factura y lavado de manos a los que asistimos cada vez que se produce un asesinato brutal, que en el Gran Buenos Aires y en los principales centros urbanos del país es moneda corriente.

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Así, en la rueda interminable de echar culpas, ahora se responsabilizará a la política de seguridad de la provincia de Buenos Aires, a la del municipio de Lanús, a la policía local y a la bonaerense, a la justicia, a la legislación vigente, etc. etc.

Seguramente habrá responsabilidades compartidas respecto a un tema tan complejo. Pero esa calesita eterna resulta una distracción que evita debates y medidas de fondo. Hay algo peor: muchas veces es la plataforma para respuestas fáciles y demagógicas, sobre todo con elecciones a la vuelta de la esquina.

Morena Domínguez
Morena Domínguez tenía 11 años cuando dos motochorros la golpearon y mataron para robarle.

Asistiremos a las típicas propuestas que se lanzan al viento ante cada hecho de este tipo. Una de ellas será bajar la edad de imputabilidad a los menores. Quienes lo claman, ¿cuánto hace que no entran a un instituto de menores o a una cárcel? ¿Se puede avanzar en esa medida sin cambiar la situación de nuestro calamitoso sistema penitenciario?

No faltará quien sugiera la pena de muerte. O la gran Bukele, como un espejo de lo que hizo el presidente salvadoreño de encarcelar, aislar y torturar sin el debido proceso a centenares de sospechosos de delinquir. Hay uno que lo promueve en sus spots de campaña.

Hay que dar por descontado que surgirá de nuevo la discusión por el combate al narcotráfico. Además de que oficialistas y opositores se tirarán con quién decomisó más o encarceló menos, se insistirá en alumbrar ideas que ya fracasaron en otras latitudes, como la incorporación de las Fuerzas Armadas a la lucha antinarco o el resguardo de las fronteras.

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Asumamos que la problemática delictiva, en especial la callejera que derrama sangre, es lo suficientemente complicada para abordarla con iniciativas fáciles. Pero hay que afrontar ese debate y avanzar en políticas públicas posibles que muestren que puede haber un camino de resolución.

Como con la economía, pasarse la pelota de unos a otros con la crisis de la seguridad, que también está en un proceso sostenido de agravamiento desde hace décadas, explican gran parte del hastío y la lejanía de la sociedad por la agenda paralela que más parece interesarle a la dirigencia. Y provocan dolor y duelo ante cada Morena que matan.

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